Príncipe y Mendigo es el nombre de esta colección y es una caprichosa extensión de la novela
de Twain.
Fundiéndose en excesos de moda vanguardista, extravagante y escandalosa. Intercambiando roles e identidad, los modelos caminaron por la
pasarela permitiendo que la artesanía y el talento del diseñador brille a través
de colores metalizados, fluor y diversos estampados.
Flecos, pieles y texturas, por momentos punk-couture,
urban cowboy, por momentos medieval y
por otros deportivo.
Erotismo y poesía callejera, moda unisex y una inyección de
color inusual, protagonistas heroicos de una narrativa neo barroca, tropical y
porteña.
Para reclamar la corona, me encanto esta colección.
